El pasado sábado 5 de octubre se publicó, en el diario Ideal, en su edición de Granada, la primera reseña dedicada a Sombras del Poniente. «Una novela que engrandece la Literatura» es su título. Rafael Ávila, poeta, crítico literario y compañero de oficio, con una larga trayectoria a sus espaldas en los tres ámbitos, es su autor.

Quede constancia aquí de nuestro profundo agradecimiento a su enorme generosidad en la recensión y, sobre todo, a su bonhomía en el trato cotidiano.

Una imagen de la reseña:

Y el texto completo:

La primera entrega narrativa de Eduardo Jiménez, Sombras del Poniente, contiene todos los elementos necesarios para ser una obra literaria de enorme atractivo y elevada calidad artística, algo que la hace destacable dentro de un panorama literario narrativo a menudo plomizo y más centrado en buscar el éxito de ventas que en aportar obras originales que engrandezcan ese territorio artístico que llamamos literatura. La novela, para nuestro disfrute, la rezuma en cada una de sus páginas.

La obra transcurre durante el franquismo, entre finales de los años 50 y principios de los 60, en una España que comienza a abrirse al exterior y que experimenta con dicho aperturismo en la Costa del Sol, aunque en el fondo siga siendo, como bien recoge la novela, una «libertad vigilada» que el paso de los años ha mitificado gracias a las trampas de la memoria, que dulcifica los recuerdos intencionadamente. La trama desarrolla una intriga alrededor de don Eusebio, de origen gallego, que llega a la Costa y consigue salir del anonimato y la pobreza, hasta convertirse en un próspero y respetado, a la vez que temido, empresario, aprovechándose del boom de la Costa, basado en el turismo y la construcción, al mismo tiempo que del entramado de corruptelas y tráfico de influencias que caracteriza esa etapa del desarrollismo económico y con la connivencia de altas instancias del régimen franquista. Pero además del personaje central, tienen un protagonismo significativo Enrique, un obrero que comparte los primeros pasos de don Eusebio, y el resto de la familia de este, su mujer, el tío Fernandito, la tía Nieves, la abuela Estrella… Todos de origen humilde y que a la sombra del auge de la Costa del Sol, podrán salir adelante durante esos años tan duros que continuaban marcados por las secuelas de la Guerra Civil: la falta de libertad, la represión del régimen y el abuso de los empresarios y poderosos sobre los trabajadores y las clases más humildes. Sombras del Poniente es también, por tanto, no sólo una novela de intriga, sino una novela que da testimonio y voz a quienes no la tuvieron durante ese periodo de oscuridad que representó la dictadura de Franco.

Es el narrador, el hijo de Enrique, el que en una búsqueda que permita desentrañar el misterio que plantea la novela al tiempo que construye su propia memoria, quien va a permitir distinguir todas las voces, que se expresen libremente, y es que todos se convierten en algún momento de la historia en narradores, aportan su punto de vista y vivencias sobre lo narrado, multiplicando como un prisma, la voz del narrador y construyendo de forma poliédrica lo contado. Uno de los rasgos más sobresalientes de la novela es el lenguaje. La variedad de registros que caracterizan y dan entidad a cada personaje, la cuidada selección léxica, donde no sobra ni falta ninguna palabra, hacen que el lenguaje se erija también en protagonista de la obra. Sin duda, una excelente primera novela.

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